En el lugar de los casis

Ocurrió en el mismo lugar en el que un día me tocaron justo por debajo de la espalda y casi cometo el error más terrible de mi vida. Es un sitio oscuro con luces de colores que a veces inciden sobre las caras de la gente y sólo entonces puedes conocerlos un poco. Yo jamás he estado tan segura, nunca doy un sólo paso que no haya medido mil veces y nunca camino sin conocer la dirección y estudiar los mapas de lo imposible. Pero aquel día lo vi entre todas las personas de la tierra y no pude apartar la mirada. Cuando la seguridad se apodera de ti no escuchas nada, dejas de ver las cosas que deberían dibujarse a tu alrededor. Algo te agarra fuerte desde el estómago pero no te duele, sólo tira de tu cuerpo frágil y te lleva justo a donde quieres estar, cómo si por fin te concedieses un capricho inmenso e innombrable. Él fue un capricho al que no puedo poner nombre, algo dentro de mí me susurró que yo también podía salvarle la vida a los desconocidos y entonces me encontré frente a su cara, mirando unos ojos claros que no conocía en absoluto y estudiando unos rasgos que me habría encantado dibujar. Sus labios fueron los primeros en meses que no me supieron a sangre, a mi propia sangre. Nos dimos un beso limpio y amable, un beso sin pretensiones ni esperanzas. Tampoco tenía desesperación. Sólo un beso. Su pelo reflejaba las luces como si fuesen pequeñas tiras brillantes de espejo, sus ojos seguían clavados en mí y su boca aún no me había dicho nada. La historia de los dos desconocidos que se salvan la vida, aquella historia que escribí más de una vez, esta vez era la mía. Él era un concepto, una imagen de colores con el ISO muy alto y mucho ruido y yo me sentí como en la Rusia de 1917. Y todo ocurrió allí, en el lugar de los casis, donde el tiempo se ralentiza y mi sangre intenta inundar toda la sala, aunque aquel día no sangré.

Su cara ha ido perdiendo luz en mi cabeza, por más que aumente la exposición no puedo verla, no puedo ver nada. Me he quedado con una foto oscura y llena de ruido, y por lo que a mí respecta es probable que él no llegase a existir nunca, pero esta es la foto más bonita de la historia, en la que un día estuvieron su pelo, sus ojos claros, mi silencio y mi mirada.

Comentarios

Popular Posts