Deja vú
Los inmensos engranajes del tiempo y el espacio giran y crean la gran ilusión de una existencía cíclica. Nada avanza ni llega a ningún destino, no hay un final. Los pasos que damos se entrelazan con las realidades de los seres con que nos topamos, y se van entretejiendo así los hilos de la historia. Cada choque es como un pequeño Big Bang, como la creación de un pequeño mundo que gira sobre sí mismo y que tampoco avanza ni tiene un destino. Todas las historias creadas por la colisión vuelven a su inicio de manera irremediable en algún punto del camino, chocando de nuevo, haciendo saltar por los aires todo lo construido y reseteando todas las sensaciones y emociones. Todo vuelve al origen como los cuerpos vuelven a la tierra, como los adultos vuelven a ser niños y como el océano vuelve a ser manantial. Así, moviéndonos en diferentes y eternos círculos de acción simultánea, vivimos creyendo que debemos llegar a algún lugar. En realidad, nada nunca se soluciona, nada nunca termina, nada nunca desaparece. Vivimos, y viviremos siempre, supeditados a la dictadura de la gran ilusión de la existencia cíclica. Yo he vuelto al origen, estoy donde estaba hace meses, con esa misma sensación de desasosiego y apocalipsis interior, pero mucho peor. Yo esto ya lo he vivido, sé cómo acaba, y también sé que nunca acaba.
Deja vú.
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