un poema que habla sobre límites

los hombres
que para mí son fieras sin forma que intentan cazarme
drenan toda mi energía.
esperan detrás de la puerta de mi cuarto
quieren comerse mi carne
mi carne podrida
y morderme los huesos como aves carroñeras.
a veces hablo con las fieras sin abrir la puerta
y ellas redactan contratos
porque mi emoción no sirve
mi palabra no importa
pero mi cuerpo
desde el momento en que dije la palabra primera
mi cuerpo (creen) les pertenece.
mi tiempo es suyo
mi corazón también
lo han dejado por escrito
yo no puedo decidir.
los hombres
que para mí son monstruos apestosos que me ensucian al tocarme
intentan robar la dignidad que me queda.
pero las fieras no se ven entre ellas
cada una piensa que es la única que puede amarme
y no es verdad
y los monstruos sólo aman desde el egoísmo.
"me lo debes
zorra
te traté como a una humana
dónde está el amor que me merezco".
soy una mujer cansada y experta
y la palabra y la emoción son mis amigas
quien quiera hacerme responsable del dolor
es libre de hacerlo
pero estoy demasiado limpia
demasiado cuerda
demasiado entera
como para darles mi sangre a los hombres.
yo ya estoy enamorada.
os lo advertí.
estos son mis muros
y una vez levantados sólo habrá silencio.

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