La misma historia
Conozco esta sensación. Siempre nos pasa lo mismo, llevamos años así. Yo supe desde el momento en que te vi que quería besarte los labios, tú te diste cuenta y bajaste la mirada. Sólo era una niña con la curiosidad de los gatos y sé que lo notaste. Desde entonces hemos estado apareciendo y desapareciendo de este plano, este que no es ni tuyo ni mío, un plano que a veces es nuestro pero nunca de los dos al mismo tiempo. A veces pasas por aquí pero no hay nadie. A veces soy yo quien espera meses en soledad. Otras veces hemos pasado ratos agradables, me has dejado acercarme a ti, me has hablado de tu vida -aunque nunca del todo- y hemos pasado algo de frío y hambre. La última vez que compartimos este plano tuviste que irte, como siempre. Pero esta vez yo había tenido cuidado, había caminado despacio hacia tu boca, había esperado paciente por si no era el momento, por si mis prioridades se alteraban. Había medido cada palmo de los que nos separaban, había puesto música de la que te gusta y estaba a un viaje en metro de sumergirme en lo que sea que tuvieses reservado para mí. Qué pena. Parece que no tenías mucho que darme. Yo ya no te veo y tú te diriges a mí como a una amiga a la que un día le tuviste un cariño especial. Este tren ya no lleva a ningún sitio y yo aún tengo tus regalos en la mano. Y está bien, porque yo tenía el mismo plan para ti. Esconderme si cambiaba el tiempo, escaparme si sonaba mi teléfono. Pero cada vez que jugamos a esto te me adelantas.
Eres un buen chico. Llámame cuando vuelvas a pasar por nuestro plano. Aquí te espero.
Eres un buen chico. Llámame cuando vuelvas a pasar por nuestro plano. Aquí te espero.
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