Y me encanta

-Me enseñó casi todo lo que sé. Hubo un momento en el que pensé que yo no era más que una pequeña parte de su creación.
-Eres mucho más que eso.
-Puede, pero yo no lo percibía así. Mi vida sería muy diferente si él no hubiese pasado por ella. La verdad es que no tengo ni idea de dónde estaría, no sé dónde habría pasado el último año.
-Suenas como esas mujeres que creen que son sólo un apéndice del hombre de sus vidas.
-No, sabes que yo no soy así. Sólo intento transmitirte lo que sentía. Era como tener el universo en la cama, un libro abierto, el significado de la vida. Era como ver la luz al final del túnel. Era absurdo y hermoso. Aprendí tanto, tanto...
-Aprendiste del dolor, del desamor y de la independencia.
-Aprendí de la vida libre, de la superación y del perdón.
-¿Qué vas a decirme ahora? ¿Es que aún le amas?
-No. Creo que nunca le quise. Confundí aquella intoxicación con lo que conocemos como "amor". No, no le amo, nunca lo hice. Además, sé que jamás lo haré. Pero siento un inmenso respeto, una profunda admiración que llega hasta mi bulbo raquídeo, baja por mi médula espinal y me inunda de paz cuando recuerdo.
-Suena a lo que alguien como Bécquer describiría como "amor".
-Es que aquellos malditos románticos no sabían lo que es el amor. Si Bécquer se hubiese casado con la muchacha de la pupila azul, habrían terminado hipotecados, mirándose con hastío y durmiendo en camas separadas. El amor es otra cosa. El amor madura, evoluciona y perdura.
-A veces el amor también se pudre.
-He estado ahí, ¿sabes? Y no fue el amor quien me hizo llegar arrastrándome. A lo mejor habría sido lo único que podría haberme salvado.
-Aprende a salvarte tú primero.
-De qué me sirve salvarme si me salvo sola y vivo sola y muero sola. Pero tranquila. Estoy acostumbrándome y me encanta.

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