Las cosas que están

Las cosas que se quedan. Las cosas que están. Las que aún puedo tocar. Todas esas cosas son prodigios para mí, son los pequeños milagros que me mantienen cuerda. Porque si siguen aquí es porque no las he apartado de mí con violencia, ni se han cansado de mi parte visceral y destructiva. Aún. La luz que entra por la ventana, el olor a sábanas limpias, el oxígeno, esa chica en el autobús...

Cuando me apuñalaron el orgullo me advirtieron, "lo tuyo es la prosa". No volví a hacer música.

Ahora hay alambres de espino que me mantienen atada a este lugar, y aquí no cabe la idea de amar. No cabe la idea de tocar un cuerpo que no sea el mío. No cabe siquiera la idea de masturbarse pensando en ti. Así que, si tengo frío en una noche bohemia de noviembre, cojo otra manta. O me inyecto ginebra. O prendo fuego a la casa o asimilo de una puta vez que es invierno y que lo normal es que haga puto frío y que lo más bonito de la vida son las cosas que se quedan, las cosas que están. Las que aún puedo tocar.

Y aquí sólo estoy yo.

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