La canción desesperada
Empujo el vientre contra la punta del machete que yo misma sujeto con ambas manos. Es diferente si son las vísceras quienes se acercan a él porque muestra una voluntad que de otra forma no quedaría reflejada. "¿Te estás apuñalando otra vez?", y lo haré tantas veces como crea necesario. Mientras la sangre brota, pienso en los pocos ríos que he visto fluir en mi vida. El océano atlántico es lo más parecido a la guerra que conozco. Empujo mi vientre hacia la hoja un poco más y arrastro el filo hacia mi útero, el lugar donde, creo, nacen todas las cosas. En mi prosa no me muero, así que sé que tengo tiempo. Tiemblo y me destemplo, como cuando estoy muy borracha y sola en mi cama, intentando abarcar con los brazos todo el peso de la existencia. "Qué bonita eres", dijo alguien una vez, como si eso pudiese evitar mis arcadas. No me sirve, nada sirve de momento. Las piezas están ahí pero tengo que hacerlas encajar y la hemorragia es tan abundante que preferiría estar muerta. Levántate, recoje tus cosas, sutura la herida. Deja de autolesionarte como una humana triste más. Te queda poco tiempo y todos lo saben. O te encuentras tú o serán ellos quienes lo hagan.
Si pudiese elegir, ni siquiera habría llegado hasta aquí.
Si pudiese elegir, ni siquiera habría llegado hasta aquí.
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