El horror
Siempre digo que se me da mal mentir porque soy incapaz de mirar a alguien a los ojos y articular palabras que no salgan directamente de la verdad, pero incluso eso es mentira. Soy la zorra experta en engañarme y ponerme trampas en la cara, y también soy la imbécil que cae en todas ellas y llora y sangra. Mi lamento es molesto e hipócrita, todo lo que digo hacer desde el amor nace de la más profunda desesperación y del egoísmo atroz que tengo entre mis órganos. Cuando me hago daño para complacerte es como un chantaje barato que no convence a nadie, no hay más que vernos. Cuando me miras (si es que lo has hecho alguna vez) y creo sinceramente que me estoy curando sólo alimento al monstruo que vive en mi hígado y cuando me miro al espejo y vomito todo el líquido de mis entrañas, es como ver un reflejo claro y sincero de lo que soy.
Claro que sé mentir. A mí, sólo a mí. Pero para provocar todo el dolor del universo no necesito mentirle a nadie más.
Claro que sé mentir. A mí, sólo a mí. Pero para provocar todo el dolor del universo no necesito mentirle a nadie más.
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