Se puede tocar

Estoy hablando con un hombre que tiene tu nombre y su cara me parece tan lejana a nosotros que me abre la carne. Dice que le gusta el jazz y yo me acuerdo del directo de Coltrane y Davis en Nueva York, cuando yo aún pensaba que el amor tenía que doler, en 1959. Anoche me enamoré de una mujer que nunca se pinta los labios y que me miraba como si fuese lo más fascinante de este plano de la realidad. Me preguntó por ti y no supe qué decirle. Ya no sé si me quedan entrañas para esto porque las he ido regalando como caramelos a los cuervos. No estoy triste, pero se están acercando los ciervos y tú no sabes que a mí el bosque me aterra. Todas mis plantas favoritas se han muerto de sed, el gato tuerto de aquel descampado se está acordando de mí.
-Tienes que hacer algo, -me repite, y acaricia con su pata el lugar donde algún día tuvo un iris verde-. el tiempo no es eterno. Ni siquiera existe.
¿Cómo voy a responder a eso? ¿Qué le digo al gato tuerto? ¿Cómo le explico a la mujer de mi vida que no sé quién eres? ¿Quién es este hombre y por qué sabe tocar el saxofón? ¿Y dónde están los ciervos?
No me conoces, pero ojalá pudieses verme desnuda bailando como si toda la música del mundo se me quedase pequeña.

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