El matadero
No lleva las bragas puestas y se ha levantado la camiseta. Sólo la luz azul de la pantalla le deja ver su mano entre las piernas. Se araña y se presiona el pecho como si necesitase sentir algo de dolor porque todo lo demás no es suficiente. Ha puesto los ojos en blanco y la música está tan alta que no escucha lo que sale de su boca. A veces pasa la lengua por sus dedos y traga saliva para recordar quién es. Lleva un millón de noches perdida en su cuerpo, se besa la piel porque allí no hay nadie más. Algunos lo llaman habitación, ella lo llama matadero.
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