"Como un bollito a medio cocer"
Me duele el alma y tengo que usar códigos para explicarme porque sé que pueden entenderme, y odio que sepan de qué estoy hablando cuando me duele el alma y necesito que me lean sin juzgarme. El gato tuerto del descampado vuelve a mirarme en paz desde su rinconcito bañado por el sol.
Me estoy haciendo sola, desde dentro, desde la raíz. Yo, que no podía pasar más de seis horas sin hablar de amor. Me he comprado un par de estanterías y varias docenas de libros. Los he ordenado por colores y les he comprado marcapáginas. Voy a meter flores entre sus hojas, voy a subrayarlos y me voy a tatuar sus frases. Me estoy reconstruyendo entera porque ya no distingo las paredes de mi cuarto de las paredes de mi útero. Me recojo el pelo como puedo, trasnocho y madrugo. No sé dónde está lo que existe, lo que puedo tocar. No sé cómo cambiar lo feo del mundo.
Y haciendo arte, poquito a poquito, queriéndome mientras me crece el pelo y mudo la piel... Oigo una voz. Es la de siempre. El gato tuerto, de pronto, se pone en pie y bufa. Es él otra vez, que me llama para perderme. Me llama para matarme. Pero esta vez no me giro a mirar, esta vez me da igual lo que tenga que decirme, me da igual lo mucho que me guste su voz. Además, sé que el gato tuerto se ocupará de él ahora.
Paso una página, me corto con el filo. Sangro, y sangrar siempre me ha gustado. El gato tuerto se acerca y me mira con su único ojo, verde y brillante.
"Se te acaba el tiempo, Aomame".
"Lo sé, gato tuerto. Lo sé."
Comentarios
Publicar un comentario