Y si yo pudiese apuñalarte la ilusión...

Ya no hablo de amor. Hace un par de meses que ya no hablo de amor. Ayer mismo decidí que jamás me casaría; el mundo de los malditos románticos ya no es el mío. No pienso esperar a nadie vestida de novia en Las Vegas, no pienso escribir ni un solo poema más, no pienso mirar a la luna y saber que es lo único que comparto con él. No pienso comprar sushi para dos, ni recordar cuál era su bebida favorita. Tampoco voy a dibujarme su nombre sobre la piel con el dedo hasta que escueza. Y tampoco voy a escribir mientras escucho cómo resuena una voz extrañamente familiar en esta habitación. Esta será la última maldita y sucia vez que lo haga, porque yo ya no hablo de amor. Me pudieron la vergüenza y el asco que me vi en la cara y en el pecho el día que llamaron a mi puerta.

Jamás volveré a a hablar de amor, ya no me interesa esa basura. Háblame de piel si quieres, háblame de colisiones, háblame de whisky, de nata montada y del puto color rojo. Háblame de heridas y de sangre y de vías de tren y de putas cornamentas. O mejor no me hables, no vuelvas a hablarme.

Hacía años que no dejaba de llorar. Hacía años que no me acostaba y dormía tranquila. Ahora estoy precisamente porque no estoy, porque esa parte mía, esa tan cerda, a la que tanto odio, esa que ama hasta que se le caen el pelo y las uñas, esa que es fea y terrible, esa que se abre en canal una vez a la semana... Esa parte ha muerto. Mi pobre, linda, dulce y desquiciada Norma Jean.

Gana Marilyn. Siempre gana ella.

Cómo pude sentir tanto por toda aquella gente ajena a mí, por todos aquellos seres desconocidos que me rociaron el alma con queroseno, cómo pude siquiera tocarlos sin arder en llamas. Cómo pude mantenerme en pie sabiendo que toda la vida podía ser así, y seguir así hasta tocar la tierra húmeda y descalza. Cómo pudo mi cara estar seca tanto tiempo, cómo pudieron mis pies despojarse de culpa, cómo mi lengua se truncó, cómo los derrames en los ojos se hicieron tan pequeños que casi me lo creí todo. Cómo el sentido, cómo tú, ellos, mañana. Cómo, maldito viento putrefacto, cómo.

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