Aquel verano

Aquel verano, un completo desconocido me miró desde el fondo de un garito de mala muerte mientras yo removía un whisky barato y me encendió por dentro. No le volví a ver, jamás supe su nombre ni su historia, pero a veces le devuelvo a mi memoria cuando siento que nada va bien. Todos los matices que pudieron existir en aquella mirada me hacen recordar lo increíbles que son las personas. Él tuvo dudas, y ganas, y miedo, y también sintió el deseo, el riesgo y la curiosidad; yo también sentí todo aquello. Ambos lo sabemos; aquella noche nos salvamos la vida como dos gatos callejeros que se cruzan entre el frío y la oscuridad, y se miran, y se dan cuenta de que no están solos, nunca lo estuvieron y nunca lo estarán. El mundo es inmenso y excitante, aquel desconocido me lo enseñó, me lo enseñaron sus ojos color miel. En aquel momento no necesitamos tocarnos ni mediar palabra para saber que aquella noche fuimos el uno del otro. Él volvería a su casa a alguna hora intempestiva. Yo terminé mi copa y volví a la quietud y la intimidad de mi aburrida habitación. Pero estaba bien porque, aquel verano, un completo desconocido me había mirado desde el fondo de un garito de mala muerte mientras yo removía un whisky barato y me había encendido por dentro. Aún hoy me iluminas, ¿sabes? Seas quien seas. Estés donde estés.

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