Con las piernas temblorosas

A veces me doy por completo a alguien confiando, con las piernas temblorosas, en que no me deje en mitad del camino y con el vestido roto. Confío en que no me haga sangrar mientras le doy todo lo que soy, lo que significo, lo que siento y lo que sufro. Le entrego todas las heridas que un día logré cerrar sin pensármelo dos veces. Y dejo de ser yo, porque en ese momento solo soy él, o ella, y amo y lloro y río y bailo y dejo que me lleven las mareas que aún no conozco. Y no pienso en si será recíproco, ni si me verán como a una pobre descarriada, o a una loca en busca de amor. Solo soy, y siento, y me asfixio en esas emociones mientras todos ellos se quedan un trocito de mí. Y así, trocito tras trocito, se lo van llevando todo. Y cuando, al final, nadie se queda a verme dormir, despierto empapada en sudor y me doy cuenta de que ya no soy yo. Nunca volveré a serlo.

A veces (solo a veces) alguien se da por completo a mí, y entonces yo... Yo solo soy capaz de darme por vencida.

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