Nadie pensó jamás en la tristeza de una oficina vacía
Muebles sencillos, funcionales, austeros y monocromos. Metales y plásticos. Ruido de teléfonos y teclados. Máximo rendimiento. Aquella oficina, de día, cumplía con su misión a la perfección. Excepto el pequeño corrillo de empleados que cotillean junto a la máquina de café, o el que se escaquea mirando su Facebook, o el que hace llamadas personales desde el teléfono de la empresa, todo va como debería. Los informes están al día, las cuentas cuadran y las secretarias atienden las llamadas con un saludo cercano y una sonrisa en los labios. La luz entra por las ventanas y hasta otorga cierto aire de calidez a aquel ambiente tan formal y políticamente correcto.
Pero nadie ha pensado en lo tristes y solos que se sienten los muebles de oficina por la noche. Cuando se apagan las luces y todos vuelven a casa, ellos, diseñados para ser grises y cumplir su función y nada más que eso, lloran durante horas. Ninguna silla es regulada, ningún ordenador es encendido, ninguna de las paredes ve reflejada en ella la luz del sol y los clips que mantiene unidos los documentos importantes, tiemblan. Ni siquiera los teléfonos se atreven a encender el piloto rojo aunque haya mensajes en el contestador automático. Y todos tienen miedo. A nadie se le ocurrió manchar de colores las paredes para alegrarles la noche. A nadie se le ocurrió dejar una luz encendida por si algún mueble le tiene miedo a la oscuridad. A nadie se le ocurrió darle una forma divertida a las sillas para que se sintiesen más bonitas y nadie imaginó jamás que la máquina de café tuviese problemas de insomnio. Porque a nadie le importa la soledad de una oficina vacía. Al día siguiente, todos los empleados vuelven a sus puestos, el sol sale otra vez y alguien tiene un nuevo cotilleo. El jefe está de buen humor. El conserje parece haber dormido poco. Y los muebles suspiran aliviados porque, por unas horas, alguien les da su calor. Hasta que cae la noche.
Puede que sea una estupidez, pero pocas cosas me causan más tristeza que pensar en una oficina vacía.
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