La gata, la derrota y el incendio
Otra vez esa sensación, como en 1992. El mismo peso en el estómago que baja hacia mi útero y que cuando continúa su camino hacia el núcleo de la tierra me deja vacía y en paz. Parece que camino a unos centímetros del suelo. Como si contigo se fuesen todos mis órganos y mi sangre pero siendo consciente de que sigo aquí y sigo entera. Mi cuerpo es el mismo amasijo de escombros iluminado por neones de colores y si bebo alcohol puedo notar cómo mi hígado se queja. Esta soy yo dejando que Aomame tome las riendas de la situación para que la gata no se asfixie. El orfidal bajo la lengua, el sol saliendo. Cuando me despierte, amaré de otra manera.
Soy patética, como Bojack besando a Diane. Pero, como ellos, podremos hacerlo mejor de ahora en adelante.
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