La huida y el aplauso
Los dos estamos escapando. Hemos caído en la misma realidad de mierda, casi en la asfixia, perseguidos por las luces de los coches y los ruidos de la calle. Me ha dicho muchas veces que mientras coexistamos no tendremos que sangrar, pero yo sé que somos dos desconocidos al límite de sus fuerzas con el pánico entre las vértebras. También, de algún modo, siento que él nació de mi carne en otro tiempo y que somos hermanos en la noche. Creo que si pudiese elegir, volvería a tomar aquella decisión, volvería a encontrarme con él en la oscuridad y volvería a suplicarle con las manos en el pecho que saliésemos de allí.
Hoy el sol nos ha vuelto a pillar despiertos. En su cara siempre el mismo gesto y en mi vientre siempre el mismo miedo. Si algún día nos encuentran, quiero que me lleven presa y que me encierren con las luces de neón de las que nunca debí huir. Quiero que me arranquen de su vida y de la mía y que me hagan encontrarme con mi cuerpo, en medio de aquella terapia incompleta, con la salud cayéndoseme a trozos y el vacío tan sólido y tan firme que parezca inamovible. Quiero acabarme. Y a él; a él quiero que lo curen. Quiero que lo dejen tan libre y tan inmenso que se asuste cuando se vea en el espejo. Quiero que sienta la temperatura de su sangre y el peso de sus pulmones y el empuje del hemisferio derecho de su cerebro. Quiero que se vea como yo lo veo cada vez que nos miramos sin decirnos nada. Quiero que nazca su fe.
Yo merezco mi condena. Él merece su tributo.
Hoy el sol nos ha vuelto a pillar despiertos. En su cara siempre el mismo gesto y en mi vientre siempre el mismo miedo. Si algún día nos encuentran, quiero que me lleven presa y que me encierren con las luces de neón de las que nunca debí huir. Quiero que me arranquen de su vida y de la mía y que me hagan encontrarme con mi cuerpo, en medio de aquella terapia incompleta, con la salud cayéndoseme a trozos y el vacío tan sólido y tan firme que parezca inamovible. Quiero acabarme. Y a él; a él quiero que lo curen. Quiero que lo dejen tan libre y tan inmenso que se asuste cuando se vea en el espejo. Quiero que sienta la temperatura de su sangre y el peso de sus pulmones y el empuje del hemisferio derecho de su cerebro. Quiero que se vea como yo lo veo cada vez que nos miramos sin decirnos nada. Quiero que nazca su fe.
Yo merezco mi condena. Él merece su tributo.
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