En febrero

Quiero que estés bien, y si para eso tienes que estar lejos, vale. Yo estoy mejor cuando no estás. No me malinterpretes, te quiero como las flores quieren a la lluvia fría de abril, como las mareas quieren a la luna y como los suicidas aman el veneno. Me gusta verte desenvolverte por la vida, con todo ese miedo guardado, con tu carita de ser despreocupado y tus pasos cansados de ser tan increíble sin saberlo. ¿Cómo no vas a saber que lo eres? Si se me rendía la vista cuando miraba los océanos de debajo de tu frente. Pero cuando yo no estoy tú estás más vivo y cuando no te veo yo por fin me veo a mí.
Esto lo escribí un lunes hace siete u ocho meses, pero lo había escondido tan bien que casi olvido que mi yo de aquel momento existía como existo yo ahora, mirando el reloj a horas distintas pero latiendo al mismo ritmo.

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