Descarga (I)
En mis textos, cuando describo cómo bailo desnuda en mi habitación, en realidad no estoy hablando de mí. Cuando estoy escribiendo imagino a una mujer que se parece a mí pero es algo más delgada y es preciosa desde cualquier ángulo. Su cuarto está ordenado y la música le sienta incluso mejor que las pecas. Por supuesto no tiene el pelo encrespado, nunca, y si está borracha no decide llamar al hombre que le quita el sueño pero al que no ha tocado jamás. Claro, porque ella no es imbécil. Esa tía no soy yo. Si arrancas toda la mierda pseudo-poética (alguien me dijo que es poesía lo que hago cuando escribo) sólo queda un relato bastante pobre de lo que me gustaría ser. Hoy he bailado en el caos que es mi habitación mientras lloraba, con la ropa del gimnasio puesta y el pelo hecho un asco. Me he mirado al espejo y ha sido patético. Cuando lo hago desnuda ni siquiera quiero mirarme para no decepcionarme, y cuando bebo estoy tan abierta y vulnerable, con todas mis puertas de par en par y las alarmas apagadas, que se cuelan en mis noches las personas que menos me quieren. Y no me malinterpretéis, está bien que no me quieran, pero es que yo sí que me quiero. No me queda otra.
Hace varios meses que soy incapaz de sentirme bonita o útil, apenas me veo siquiera funcional. Existir se ha convertido en una tarea imposible aunque sea consciente de que soy tan privilegiada que ni siquiera debería abrir la boca para quejarme. Estas siguen siendo mis noches y mis cosas terribles. Os engaño cuando escribo, me invento tristezas y os hablo de situaciones que no se han dado, emociones que no he sentido y música que no he escuchado. Os hago creer que esto es bonito y os aseguro que romantizarlo tiene algo de excitante. Y entre toda la mierda romántica y aburrida que me invento y que quiero que se traguen los demás, os cuento un poco de todo lo que llena el caos de mi cabeza. Hablo mucho de amor, de sexo y de vísceras, se me llena la boca de pena cuando pienso en según qué tíos y todo lo que suelto cuando estoy borracha habla de la misma persona (más o menos). Pero eso no es lo que me hace llorar, no es eso lo que consigue que fantasee con la sangre de mi femoral. Todo ese montón de palabras, las canciones que he compuesto, los dibujos en los que sangro, todo eso es el refugio, es la respuesta y la fuga del pequeño vórtice existencialista del que salgo sudando después de horas de trabajo conmigo misma.
Cuando bailo desnuda es un puto desastre y cuando tú crees que te quiero sólo es otro intento desesperado por no mirar dentro de mí, al menos esta noche.
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