Parece un sábado normal

Cuando empecé a ser consciente de todo lo tangible del mundo que me rodeaba alguien me dijo que debía deconstruir el amor romántico. "¿Deconstruir?", pensé, y me temblaron las piernas, "pero si yo no existo sin el romanticismo". Poco después comprendí que no hablaban de dejar de amar. Renuncié a morirme y a entregarme, pero no a disfrutar de los seres que aparecían frente a mí con ganas de tocarme más allá de la superficie de la piel. Renuncié a callarme y a exigirles y también renuncié al dolor. "¿Deconstruir?", había pensado alguna vez, "pero si cuando no te cuesta la sangre de tus venas no es amor". Aprendí a escuchar y a ver el mundo como lo veían otros, a establecer relaciones llenas de afecto y de admiración. Pasé mucho tiempo conmigo y dentro de mí, tocando todo lo que jamás pensé que llevaba encima y observando con detalle cada recoveco de mi habitación. También aprendí de la carne, de las estrías y las cicatrices, y no sólo de las mías. Por las noches dormía poco y hablaba con personas que se parecían a mí y a veces también tenían miedo. "¿Deconstruir?", volvía a repetirme en los textos como una desquiciada, "pero si eso suena a destrozar todo en lo que creo". Dejé de estar triste como excusa para darle a mi carácter una dimensión más que no necesitaba y aumentó mi tolerancia al alcohol. Empezaron a gustarme muchas cosas y entre todas ellas estabas tú. Ahora sé que no necesito morirme de pena ni arrancarme la piel, aunque aún escribo sobre ello a veces. También sé que nadie es mío porque tampoco los quiero atados a la pata de mi cama y que hay penas mucho más grandes que las nuestras. He aprendido a sentirlo todo porque siempre tuve algo de hipersensible y ahora puedo estar triste y enfadada y tener miedo sin idealizar a los monstruos de debajo de mi cama. Porque están ahí pero ahora sé que tengo significado sin ellos. Soy capaz de mirarme y de quererme y de arreglarme sin compararme y castigarme más que un ratito una vez al mes. Soy capaz de sangrar y de excitarme y de ponerme de pie como los valientes incluso cuando tú me estás mirando. "¿Deconstruir?", las anáforas me ayudan a palpar la realidad de lo que digo, "pero si siento que me muero como Clementine". Pero no me morí. Puedo ser pequeña y estar perdida pero yo un día hundí las manos en la tierra y supe quién soy y de dónde vengo. Me gusta la salsa porque me recuerda a mis raíces, lloro cuando pienso en las personas y a veces también me enamoro.
Quizás no llegues a entenderme nunca pero no vuelvas a decirme que no sé amar.

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