Hasta los ojos
Me niego a haberte visto entrar despacio en mi habitación, dejando tus cosas por todas partes, diciéndome bajito que no ibas a quedarte. Estoy sentada en mi cama, llevo puesto mi jersey favorito y tú aún no me conoces. Pero te encanta colarte en mi intimidad, entre las arrugas de mi sábana bajera, para hacerme fantasear con el amor que nunca haremos. Y eso está bien, es bonito ver cómo te dejo ir. Y volver. Y volver a irte sin tocarme ni una sola vez. Soy la niña adulta que se desangra sobre la cama que la mantiene con vida. Y tú eres el crío que viene a ponerle vendas sin saberlo. Hasta taparle los ojos.
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