La Nueva Internacional
Me gusta recordarnos caminando por las calles mojadas y vacías a las tantas de la mañana de un domingo, cantando a gritos La Internacional, borrachos como cubas. Eras como la sensación de abrir un libro nuevo y oler las páginas sabiendo que al terminarlo sería una persona un poquito más adulta y un poquito más consciente. En 1917 no le teníamos miedo a nada, tú existías y yo también, y el hambre y las armas nos daban el resto. Tú solías llevar tirantes, yo me anudaba la camisa por encima del ombligo. Como arar la tierra, como escribir un manifiesto de cubierta roja o como ver el sol salir y no dejar que la esperanza muera. Éramos tan libres y estábamos tan locos que nos habríamos matado por los nuestros; ni yo por ti, ni tú por mí. En aquella realidad yo no conocía la palabra "dependencia", no me sentía sucia ni mi piel había perdido su color, brillaba y daba luz a todo aquel ser perdido que necesitase una mano, un camino y una meta. Tú eras como todo lo que aún no conocía, extraordinario, emocionante y aterrador. En Rusia el pueblo se alzaba, en nuestros corazones se inflamaba un sentimiento. Tú fuiste mi comuna de París, quiero pensar que yo fui tu dictadura proletaria.
Lo dijo Vlad el 30 de noviembre de aquel año: es más agradable y más provechoso vivir "la experiencia de la revolución" que escribir acerca de ella.
Comentarios
Publicar un comentario