La tirana
Naciste para besarme la planta de los pies y sé que mi luz es grande pero no debes asustarte. Estás hecho para esto. Puede que sea yo quien esté diseñada para que me amen y me toquen la carne y me bañen en leche de pantera, no lo sé, me da igual. Porque soy la mujer que eligieron para hacer temblar la tierra, para bailar en todos los escenarios y que me miren tus ojos y los de todos los demás. Agáchate un poquito más, justo por debajo de mi cadera. Perdóname si te agarro la cara y paso mis dedos entre tus cabellos y empujo, empujo para que te hundas un poquito más. Ahí, justo ahí. Tendrías que haberme besado, por encima de las bragas, como buscando mi bendición. Cuando acabaron los tiempos del odio, cuando me acaricié y me vi como me ven los corderos, ya era tarde para todos. No voy a dejar de bailar, no voy a prometer, voy a afilarme las uñas y no voy a tocarte porque me ensuciarías. Si te quedas, tendrás que dejar que te pise, que te escupa. Donde más te duela. No sé perder cuando me siento en este trono. No sé dónde estás, ni si pretendes irte; desde aquí puedo ver el mar y las cucarachas no me interesan.
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