Los chacales y mi útero

Pasé noches enteras
dejando que me ensuciasen,
eso ya lo viví.
Conozco sus alientos,
los tuve dentro de mi boca.
Sé lo que son capaces de hacer esas manos
sobre esta carne,
sobre esta carne maldita.
Átame a la pata de tu cama,
báñame y friega mi piel
con estropajo y lejía.
No dejes que me vaya lejos
porque allí todo es basura
y lo conozco
y me conocen.
El asco existió cuando me vieron nacer,
no antes,
pero tú crees que estoy limpia,
me encanta que me veas limpia
y yo quiero salvarnos.
Ellos se llevaron mi útero,
lo siento,
lo tienen ellos y a veces comen de él.
No nos necesitamos
pero no me dejes,
no quiero volver a la calle.
Los chacales ya mordieron
la pena de entre mis piernas.
Me enamoré del bosque.
Las anáforas no sangran.
Mamá:
estoy a salvo.

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