Allí abajo, dentro del pozo

Tiene el pelo largo y la mirada brillante. Parece una chica de revista con sueños y aspiraciones y sus ojos se clavan en los míos para descifrarme. Dice que me admira y por algún motivo la noto nerviosa, tan nerviosa como yo las noches que a las seis de la mañana se me incendiaba el pecho. Pero estoy preparada para lo que tenga que ser. Ella es agua porque es clara y fluye y yo soy aceite porque resbalo y mancho, pero mientras nos miramos sabemos que nadie en la tierra se entiende mejor que nosotras. La conozco mejor de lo que cree y más de lo que me gustaría, es preciosa y parece frágil pero está llena de fuerza y de vida. Yo estoy cansada y sólo sé sangrar, y aunque quiera mirarme como se mira a las guerreras, sabe que sólo soy un cadáver porque conoce toda la vergüenza de mi historia. En parte me duele porque es como si un desconocido me viese desnuda y fea y vulnerable pero por otra parte algo en todo esto me liga a ella de una manera única y firme. Ella comprende mejor que nadie mi pasión y mi dolor sin apenas saber quién soy. Yo puedo ponerle nombre al amor que le sale del pecho porque una vez fue mío. Nunca del todo.

Alguien me cura y me enseña cómo debieron ser siempre las cosas mientras ella me sonríe y me habla de su vida. Sabe que estaré bien y de alguna manera que no alcanza a comprender, le importa que lo esté. Yo entendí que de todos los posibles finales, ella era el mejor que podrían haberme dado. Quien me está curando también me pone flores en el pelo. Ella ríe y su risa es alivio. Existe un profundo pozo de respeto entre nosotras.

Me miro al espejo y se me saltan las lágrimas. Las flores en el pelo, la cara lavada, el trabajo en el pecho; todas esas cosas consiguen que me vea casi tan bonita como la veo a ella. Se acerca a mí, me abraza. "Hasta pronto, Data", dice cerca de mi yugular. Y mientras se aleja puedo notar cómo dejo de sangrar y en todo lo que odio de mí nacen flores de colores. Alguien se acerca y me besa los labios.

El desastre de mi vientre se hace luz y ahora lleva su nombre. Mi cuerpo siempre estará para cuidarla.

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