Pero ya no

Por ti me habría abierto el vientre para que vieses mis órganos y me habría arrastrado sangrando por el suelo que pisabas sin saber que para mí estaba bendito. Estaría mintiendo si dijese que nunca hice esas cosas horribles que me prometí no hacer por nadie porque soy tan humana y tan visceral que me hierven las meninges. Confieso que a veces aún me veo más bonita destrozada. Soy una parodia de mí misma.
Pero puede que amar no fuese dejarse la piel de las rodillas. Puede que toda la vergüenza que vino después mereciese la pena. Que el dolor íntimo y las verdades calladas me hayan cauterizado. Que verme ridícula en recuerdos y preciosa sudada frente al espejo haya evitado que disocie mientras follo. Llorar y escribir como una adolescente, suplicar como si mereciese algo y beberme una botella de vino para vomitarla en la bañera. Hice lo que pude pero no lo siento.
Él no me apuñala entre la cuarta y la quinta costilla y eso me resulta raro, no me gusta la sangre pero la echo de menos cuando no la veo. No me siento vulnerable en este lugar del planeta y su voz suena más suave cuando puede verme. Mis rodillas parecen intactas. Espera, sí, mis rodillas han encontrado la paz.
—¿Qué es esta sensación? —pregunto mientras me salvan la vida.

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