Antes de dormir
Con la confianza de dos perros viejos cansados de mirarse de lejos, nos acercamos al filo para ver qué hay ahí abajo. Después de caminar descalza sobre cristales, de darle toda mi sangre a un cadáver y de sentir palpitar mis órganos, respiro por fin con la paz que otorga perder la guerra. Intento no caerme ni tirarte mientras las heridas se cierran y mis amigos toman asiento en las butacas que llevan sus nombres desde hace dos años. De pronto todo lo que duele parece que se lo lleva la tierra y es por eso que te cojo la mano a oscuras como si me conocieses. Nadie puede vernos a estas horas.
Dos pájaros.
Un tiro.
Estamos hechos de carne que se encuentra y se pudre, y no hace falta que me cures pero promete que vas a irte tranquilo. No le hagas caso a la mira que nos apunta. Ya sabes que nos conocimos justo antes de dormir.
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