A mí me quemaron por bruja, tú arderás por monstruo

Te ataremos a la pira con los rostros encendidos y los cuerpos desnudos y la ira en las pupilas. Tocaremos tu carne como tú tocaste nuestras almas, ensuciando cada rincón con restos de basura y bilis. La soga asfixiará tus miembros y desgarrará tu piel y veremos el rojo brotar de ti. Algunas llorarán pero todas sonreiremos abrazadas justo antes de prender el fuego. Y la cerilla te hará arder, porque arderás, como ardieron en su momento mis brujas, como ardí yo en las hogueras de otros, de todos los hombres. Cuando quieras salvarte, no podrás. Cuando tu piel deje a la vista tus órganos y se convierta en carne viva, recordarás a todas las niñas que convertiste en mujeres sin querer. Y cuando tus cuencas se queden vacías, aún nos verás, arrojando tierra y ceniza sobre tus restos. Nuestras caras marcadas en tu eternidad como tus sucias manos sobre nuestros cuerpos.

No llores por nosotras, cocodrilo, aprendimos a limpiarnos. Lo difícil para ti será hallar un plano de la consciencia donde no nos encuentres recordándote quién eres para siempre.

-¿Qué fue del monstruo del miedo?
-Lo matamos entre todas.
-¿Es por eso que nos han colgado y que ahora estamos muertas?
-Eso es lo que ellos creen. Lo que no entienden es que en realidad hemos salvado la vida de la única forma posible.

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